Mi estación Hackeada ahora Ananta Violin

El Sueño del Poeta




Desde lo más distante, baja montado en suspiros,
   el beso del poeta.
El cabello brioso bailando con el viento,
    venciendo cometas y estrellas,
      suavemente deslizándose por entre las eras
           y los espacios.

Busca afanoso la piel canela,
   los tiernos ojos distantes,
      el perfume embriagante de su boca,
         la tibieza y paz del espíritu de la Diosa.

Dormida y soñando la encuentra,
    enredada tibiamente y desnuda entre sus ilusiones.

La presurosa llegada agita
   los hermosos gajos de su pelo,
el perfume del mensaje la hace sonreír
    entreabriendo los deliciosos labios,
        con los ojos cerrados…

En ese preciso instante deposita el viajero,
     en su boca,
         el beso del poeta.

Un torbellino de luz explota en el pecho de la Diosa,
      alzándose apasionada hacia el azul universo.
Mezclando y fundiendo todos los astros en su camino.

Cruza imprudente el universo mismo,
     hasta encontrar al poeta,
            que espera paciente
                        en la cima del cosmos.

 Apunta sus rayos en medio del pecho,
            y sin tardanza,
                   agolpa el fuego del lado derecho.

El poeta henchido de amor levanta los brazos
            y recibe la inmensa descarga
                        que lo eleva y estremece.

Un torbellino de mundos, planetas,
      soles y estrellas,
           gira a su alrededor  
                convirtiendo todo lo existente
                        en un solo grito de luz.

Súbitamente todo explota en su pecho.
...en un instante el universo mismo
            cabe en su esencia.

Después, todo en apacible calma azul,
            azul paz, cósmica y tranquila.
El poeta en su lecho suspira,
     todo silente, solo el vigoroso sonido,
          el ensordecedor torrente de su lágrima
              surcando su mejilla.

El poeta sonríe, se voltea sobre su lado derecho...
La imagen de su Diosa sonriendo abarca todo su espacio,
      sus carnosos labios lo cobijan amorosos.

... y en la distancia se alargan sus tiernos ojos,
        perdiéndose en la bruma purpura del nuevo día…

José Luis Mendoza Aubert




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